martes, 2 de octubre de 2007

PASAJES MEMORABLES DE ESCRITORES HINDÚES

Aquellos que crean en las simples verdades que yo he expuesto sólo podrán propagarlas viviendo.

No tengo la menor duda de que cualquier hombre o mujer puede alcanzar lo que yo he alcanzado si hacen el mismo esfuerzo y alientan la misma fe y esperanza.

La fuerza no proviene de la capacidad física, sino de una voluntad indomable.

Si hay tanta falsedad en este azorado mundo es porque en la actualidad todos exigen rectitud de conciencia sin ser capaces de someterse a la menor disciplina.

He aprendido a través de mi amarga experiencia una suprema lección: a contener la ira, porque así como el calor se transmuta en energía, incluso nuestra ira, dominada, puede transmutarse en una fuerza capaz de mover el mundo.

La vida es superior a cualquier arte. Iría aún más lejos, para afirmar que el hombre cuya vida se acerca más a la perfección es el mayor artista. Porque, ¿qué es el arte sin el fundamento de una vida noble?

No os dejéis deslumbrar por el esplendor que viene de Occidente. Que no os aturda ese espectáculo pasajero. El Iluminado os dijo con palabras inolvidables que este pequeño lapso de la vida es sólo una sombra efímera, fugaz, y que si comprendemos la vacuidad de todo lo que tenemos frente a los ojos, la vacuidad del mundo material que percibimos, en permanente cambio, entonces habrá tesoros en lo alto y paz aquí abajo para nosotros; una paz que supera todo entendimiento y una felicidad que nos ha sido siempre totalmente ajena. Ello requiere una fe admirable, divina, y la renuncia de cuanto ven nuestros ojos.

Si yo predico en contra de la artificial vida moderna de placeres sensuales y pido a hombres y mujeres que retornen a la vida simple resumida en el charkha, es porque sé que la única manera de detener nuestro descenso hacia un estado más bajo aún que el salvajismo, es un inteligente retorno a la sencillez.

La regla de oro es… rechazar con determinación lo que millones de otros no son capaces de rechazar.

Ésta es la inequívoca enseñanza del Baghavad Gita: el que desiste de la acción cae; el que desiste sólo de la recompensa, se eleva. Pero renunciar al fruto de ninguna manera significa indiferencia hacia el resultado. Al emprender cualquier acción, debemos conocer el resultado que esperamos de ella, los medios que requiere y nuestra capacidad de desarrollarlos. Aquel que, mediando esas condiciones, no ansía el resultado y, sin embargo, se entrega por entero al cumplimiento de su tarea, ha renunciado a los frutos de su acción.

La caridad es la fuerza más sutil y penetrante.
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[Del libro titulado Las palabras de Gandhi, Selección de Richard Attenborough -director de cine que biografió a Gandhi en un conocido film- Editorial Bruguera, España, 1983.]